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sábado, 18 de octubre de 2008

'Maniobras diversas', Andrés González de Castro

[Escrito original en Páginas del Babel , Ciberanika y Va de versos]

Maniobras diversas
Andrés González Castro
Fundación Cultural Miguel Hernández
1ª edición, 2008
Género: Poesía
70 páginas

Resulta complejo poder decir de qué va este poemario. Basta señalar el título como referencia: Maniobras diversas. El título es una excusa para hablar un poco de todo. Andrés González Castro abre su poemario con una súplica a la poesía misma, pidiéndole que le deje volver a ella si la abandona. A lo largo de las páginas, trata diferentes temas que le interesan: habla de la cultura, del amor, de la soledad; juga con el tiempo, con el espacio...

Antes de adentrarnos en Maniobras diversas, Iván Sánchez Moreno -el prologuista- nos lanza una advertencia: "Este libro es una trampa: hay que sufrir para gozarlo". Mal asunto, pensé cuando leí esta sentencia. Así que prescindí del prólogo y fui directamente al poemario. Que me perdone el autor del artículo, pero soy de los que piensan que uno no debe entrar en un libro con condicionantes.

Leo Maniobras diversas y, cuando acabo, empiezo a reflexionar sobre lo que he leído. Me pregunto cuál es el eje central del poemario y me pierdo al intentar encontrarlo. Andrés González Castro lanza un conjunto de ideas dispares, que poco tienen que ver entre sí. Tan pronto habla de Auschwitz, como del amor, como de la poesía o la cultura. Por esa razón, decía anteriormente que para enteder el poemario, hay que fijarse en el título: si algo hay en el libro es precisamente diversidad.

Lo malo del asunto es que los poemas me han resultado muy flojos. Tanto es así, que incluso a lo largo de la lectura he sentido una profunda sensación de aburrimiento. Son versos bastante sencillos que no esconden sentimientos demasiado profundos: al menos esa es la sensación que he tenido (el autor, obviamente, defenderá lo contrario). El poemario, no obstante, fue premiado en 2005 con el Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández.

martes, 23 de septiembre de 2008

Reseña de José Luis García Herrera en su bitácora

[Enlace al artículo original.]

Andrés González Castro (l'Hospitalet de Llobregat, 1974) presenta los próximos días 19 y 22 de septiembre, en Martorell y Barcelona, y presentado por Iván Sánchez Moreno y José Ángel Cilleruelo (respectivamente por fechas y ciudades) su último libro de poesía publicado Maniobras diversivas. Con este libro recibió el Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández 2005. Andrés es un joven poeta con una obra importante publicada: Retablo de Nueva York, Obra Nueva precedido de Currículum vítae, Epigrames del Mas d'en Gall, en catalán, y este último que presentará próximamente. Creo que no exagero lo más mínimo si me aventuro a decir que Andrés está llamado a ser uno de los poetas más importantes de su generación. Su poesía tiene la virtud de ser audaz, moderna, crítica (con la sociedad y con los tiempos que tocan vivir), con un agudo sentido del humor, lleno de una fresca ironía y con el amor como motor existencial sobre el que giran todos los temas. Muchos de todos estos aspectos, por no decir que todos, están reunidos en Maniobras diversivas. Iván Sánchez Moreno escribe en el prólogo del libro: "El título ya apunta maneras. Maniobras diversivas hace referencia a una estratagema para derrotar al enemigo. Pero en esta ocasión la batalla es consigo mismo, una lucha -feroz a medias, burlona y mordaz, cruel aunque irónica- de la que uno, inevitablemente, sale rendido, si no vencido, pero satisfecho." Es un libro de enormes hallazgos, de una poesía escrita para explicarse el mundo, para encontrarse y buscar respuestas para todo aquello en lo que andamos buscando respuestas eternamente. Es una poesía que, en medio del caos que supone vivir y continuar vivo, logra encontrar ese resquicio por donde entra, a borbotones, la sonrisa.

De este libro os muestro un poema titulado "Ejemplo a no seguir", que ejemplifica bastante bien, creo, toda la ingeniería poética con la que Andrés compone sus poemas: desencanto, ironía, la palabra justa y precisa en su momento, el dominio del ritmo y el amor como colofón a una historia en la que nos reflejamos todos.

EJEMPLO A NO SEGUIR

Cuando no quede nada de nosotros,
ni siquiera la estela de lo tanto
que nos hemos querido sin saberlo,
ni humo o tierra o sombra,
ni el anónimo polvo que en su día
puesto en pie fue tú y yo, carne de sueño,
cuando no gire un átomo en su órbita
y no seamos el edificante
ejemplo para muchos que creemos
ser en días radiantes,
otros también, desesperadamente,
habrá que en un rincón
oscuro del planeta
lloren con la torpeza
sincera y desmañada
con la que nos lloramos tú y yo.

Reseña de José Ángel Cilleruelo en El Ciervo

[Enlace al artículo original: MANIOBRAS DIVERSIVAS]

Andrés González Castro nació en 1974, justo antes de que el país –su carregosa poruga ambigua pàtria (“cargante asustadiza ambigua patria”)– pusiera un punto y aparte en la historia. Nació en Barcelona. En la era democrática, en Cataluña, se educa en dos lenguas, ¿en cuál se escribirá? La respuesta de la primera generación de la Democracia ya se ha pronunciado: en las dos. Y este mismo curso, González Castro ha publicado un libro como Andrés, este Maniobras diversivas, y otro como Andreu, Epigrames del Mas d’en Gall. Es pronto, quizá, para vislumbrar la dimensión de este fenómeno –¿cómo lo juzgará la historia literaria, tan apegada a una lengua?–, pero se intuye cuál puede ser el camino ideal. No parece que el bilingüismo literario se conforme con la actitud indiferente ante la lengua, sino que prefiere la bifurcación poética, en la senda pessoana, en la que un poeta escriba de manera diferente en cada lengua, conforme el peso del sonido, el sentido y la tradición de cada una. Este es, sin duda, el caso de Andrés / Andreu.

Las dos columnas que sostienen la poética de González Castro, el realismo y la ironía, aparecen ya, tal como en sus libros precedentes –Currículum Vítae y Obra nueva– en el título. Maniobras diversivas es un término militar para señalar las acciones que distraen la atención del enemigo. Si se tiene en cuenta que el libro habla, en cada una de sus cinco secciones, de la poesía, del amor, del desamor, de las frustraciones –propias y colectivas– y de las concepciones íntimas, se comprende inmediatamente el sentido que se da a la vida, en una tradición barroca que late en cada libro con más fuerza, de distracción frente al enemigo. Para la formulación del contrincante recurre a un término de raíces existencialistas: “cuando agitas el aire… / echas fuera de mí a ese mentecato / que se arroja a los cardos de la angustia”. Una “Nana” que hubiera sido muy del gusto de Unamuno acaba de una forma estremecedora: “duerme… / Todavía no vienen a por ti. / He dicho todavía”.

El conflicto –bien combate abierto, bien estrategias que lo distraen– vertebra el libro. En sus intenciones últimas –la vida concebida como lucha contra la angustia– y en la ideación de cada texto. La primera sección reúne los versos metapoéticos; los dos primeros: “Aunque a veces te olvide, / ¿me vas a abrir la puerta?” Poeta y poesía pelean ante la existencia del poema. El habla y la descripción realista siguen siendo sus fuentes lingüísticas más relevantes, aunque se advierte la búsqueda de una intención poética que las trascienda. El poema “Casa del aire”, uno de los mejores, es un buen ejemplo de la rotunda ambición simbólica de los elementos extraídos de la realidad. La segunda sección, una pequeña colección de poemas amorosos, presenta una refriega más sutil. En esa encrucijada de tiempos que siempre es el amor, el poeta enfrenta al presente la duración (“longitud de latidos prolongándose”), incluso la mutua finitud (“Cuando no quede nada de nosotros”). No es casual que otro poema cite el último terceto del soneto de Garcilaso emblemático del carpe diem. Aprovecha el tiempo futuro para el amor, sería el lema de González Castro; expectativa de tiempo que está y no está en el amor del presente, distracción de la batalla. Las secciones finales son, en sí mismas, la crónica de las múltiples contiendas del vivir. Acaso la más interesante sea la mencionada en el poema “Así las cosas”, un impresionante ajuste de cuentas contra la inautenticidad de las experiencias –dolor, realidad, amor–, que las convierte en “sombras chinescas en una pared”.

José Ángel Cilleruelo

PROFESIÓN DE FE

Iré a comulgar
tu pezón redondo,
mi amor, al altar (p. 35).

jueves, 31 de julio de 2008

Reseña por Carlos Benítez Villodres

EL ESPEJO DE LA VIDA. MANIOBRAS DIVERSIVAS, de Andrés González Castro
Premio Nacional de Poesía Fundación Cultural Miguel Hernández de Poesía 2005.
Edita Fundación Cultural Miguel Hernández. Orihuela (Alicante), 2008. Págs. 72.

Tras sumergirme hasta el fondo profundo de las aguas oceánicas de esta combativa y asombrosa y atrayente obra literaria de González Castro, me encuentro con su autor, un hombre poeta. Un creador literario inquieto y rebelde, paradójico y contradictorio…, cualidades estas sumamente positivas para un luchador nato, en guerra constante consigo mismo y con los guerreros de un orbe siempre preparados para combatir. Un poeta que va al encuentro de la paz interior, acosado de dudas de todo tipo en especial religiosas y existencialistas. Al tocar, con el intelecto y los sentimientos las profundidades arenosas, las menos, montañosas y abruptas, las más, de esta obra percibo su esencia, catarsis de una intensa actividad intelectual y de una lucha sin tregua del autor con él mismo.

En el sublime y feraz prólogo de Iván Sánchez Moreno leo: “La poesía es una casa, adusta y hosca, una domus interior surcada al azar por grietas y expuesta así al público, sin intimidad apenas, almacén de vicios privados con goteras en tardes de lluvias tristes. Lo más privado está ahí, agazapado entre versos con tobillo de cristal. El hogar, que no es nunca allí donde uno vive, sino allá por donde uno va, son los libros. Un escondrijo falaz, frágil, que de reducirse a escombros, no deja de ser parte de lo que uno es y ha sido”. …En la casa del aire cae la lluvia / sobre los cuerpos, no sobre el tejado. // Si alguna vez me pierdo en la tristeza / y me notáis ausente, / idme a buscar allí. / Por las jambas sin puerta / el frío entra en su casa. // Idme a buscar allí: / en las ruinas de todo. // (Fragmento final del poema "Casa del aire", p. 26).

La poesía de Andrés González se caracteriza por su notable ingenio, el responsable de los conceptos novedosos, las paradojas, juegos de palabras y sutiles y brillantes analogías. Las batallas que aparecen en sus poemas suelen ser combativas e implacables, desairadas y cáusticas, despiadadas pero, a la vez, impregnadas de una sutil ironía, sobre todo cuando trata temas relacionados con su propia vida, con la del orbe y con la de su entorno. Ciertamente su proteica habilidad para estar siempre a la vanguardia de los cambios lo convierte en un poeta en perpetua lucha consigo mismo, como ya quedó reflejado en el primer parágrafo, contra su propia tradición y la oscuridad que lo atrapa, tanto a él como a sus semejantes. Además, posee esa avasalladora capacidad para dar con poderosas imágenes y músicas poéticas. …Me reclama otra vez la angustia del gorrión, / el fósil del caballo, la flor desamueblada. // Me reclama el cajón entreabierto del sueño, / la ciudad cenagosa, la aérea aluminosis. // Ondean las banderas ejércitos innúmeros / que piden carta blanca para enturbiar el agua / que dormita al arrullo de la autocomplacencia. // Me reclaman las luces. Las sombras me reclaman. // (Del poema "Banderas", p. 18).

González Castro siente, como constantes pulsiones irrefrenables, la imperiosa necesidad de crear puentes de palabras para cruzar abismos, interiores y exteriores, presentidos por él, utilizando para su construcción elementos propios de su riqueza cultural, la cual se acrecienta día a día, gracias a su personalidad íntegra creadora e infatigable, desde la cual trabaja sus pensamientos poéticos -los más abstractos de todos-, que nacen como una de las formas de vida. Con estos instrumentos de la mente, se expresa libremente, desde el lenguaje, utilizando palabras, imágenes, silencios, ritmos, sonidos, signos, colores… De esta forma, nuestro poeta puede modular o entonar el canto de su entendimiento, y a veces transmutarlo en vida, abriendo una interpretación semiótica entre sus mundos internos, entre él y la vida, entre su yo y la naturaleza… Lo cual no supone que su sentido resulte evidente ni inteligible, pues acostumbra a decir lo indecible con un equipo verbal de combate, que a veces es preciso aprender a interpretar como una concentración explosiva de los muchos juegos de lenguaje posibles, fruto elaborado de la intensa emoción que pueda provocar en nuestros corazones el acontecimiento de ser poeta o lector de poesía. Aconsejo a las nubes la piedad, / la compasión a los amaneceres, / el arrepentimiento / al insulto fragante de las flores. // El día llega para recordar / que no trae esperanza para ti / y, más que esa costumbre, lo que hiere / es lo hermoso de todo. // (Poema "Contrapunto", p. 49).

El autor de este libro es, sin duda, de los más serios y originales en el universo poético. Tiene un dominio notable del idioma y de la técnica del verso. Además, tiene el don de la síntesis; sabe mirar y cantar sin apartarse de la tierra y del hombre, de la vida y de la muerte, pero comunicando siempre una visión personal y nueva de la poesía creada y tamizada por su talento y su inspiración.

En Maniobras diversivas descubrimos verdaderos secretos de la magia poética de Andrés González, quien busca y encuentra nuevas expresiones, nuevos símbolos, audacias permanentes para hablar al hijo. ¿Triunfa la vida sobre la muerte o ésta sobre aquélla? Como el poeta es consciente de que el recuerdo es la única victoria de la vida sobre la muerte, es por lo que le pide a su hijo que por siempre lo tenga vivo en su memoria. Xavi, tú que has trepado, / jugando por mis piernas / hasta el rincón sonoro de mi beso, / pequeño ser alado / al que habitan manadas / de sueños todavía no corruptos, / mágica criatura / que cree en los Reyes Magos, / gatos con botas, lobos sanguinarios: /acuérdate de mí / cuando yo sólo sea / cenizas de una llama que te amó.// (Poema "Xavi", p. 67).

Andrés González Castro divide esta obra en cinco bloques: Casa; Piel, Paraíso; Las puñaladas; Invitación al desaliento; Recursos propios. Cada parte de este poemario consta de siete poemas. Por consiguiente, lo componen treinta y cinco creaciones poéticas: veintiocho son poliestróficos y los restantes, monoestróficos. En ellos, predomina la estrofa heterométrica y el verso blanco heptasílabo y endecasílabo, aunque también trabaja el poeta el alejandrino, el heptasílabo, el octosílabo… Sobre lo manifestado, sirva de ejemplo esta estrofa del poema Historia triste del racionamiento, p. 44: Pienso en ti y enseguida mi recuerdo / se va hacia los cafés de la posguerra / donde servían malta / tostada por café. / En tiempos de estraperlo y carestía / a todo se acostumbraba el paladar. // En cuanto a la serie de figuras retóricas utilizadas por el autor, sobresalen determinados recursos expresivos del plano léxico-semántico.

Poesía extraña, noble, pura, con la madurez de las espigas que pueden ir al molino, es ésta de González Castro, definitivo valor de nuestra poesía; viva lección para tantos poetas que apenas si alcanzan una caricatura de lo que es la verdadera poesía, eterna, inactual, presente.

Ésta es, pues, una obra de gran calado, profunda y a la vez clara, de las que rebasan el mundo de los especialistas para acercarse al gran público. Es de agradecer que sea así tratándose de algo tan humano como la poesía.

Carlos Benítez Villodres
Málaga – España
http://www.carlosbenitezvillodres.es/

[http://www.carlosbenitezvillodres.es/paginas/criticas_literarias/061_maniobras_diversivas_andres_gonzalez_castro.pdf]